CLAUSTRALES

Con nuestra vida retirada, en silencio y soledad tratamos de mantener el mejor «ecosistema» para el espíritu, para el nuestro y para los de quienes se acercan a nosotras en busca de la cercanía de Dios, la oración, el discernimiento, el silencio y la paz que siempre se encuentra en un monasterio.

«La voz de Dios es dulzura y suavidad. Pero no puede ser oída a no ser que el hombre silencie en su corazón el ruido y la confusión de este mundo» (San Agustín)»

«En la soledad, si escuchas atentamente, Dios se deja experimentar. Pero para contemplar en ti mismo a Dios es necesario el silencio» (San Agustín)»