Agustinas Contemplativas

Profesión solemne

Con la Profesión Solemne la Hermana se vincula irrevocablemente a Cristo y a la Iglesia, y se incorpora definitivamente al propio Monasterio, pasando a ser miembro de la Orden para siempre. (Constituciones nº 222)

Que os puedo contar de la profesión solemne. Para mí ha sido el momento más feliz de mi vida, pues el poderle entregar toda mi vida al Esposo para siempre, es un gozo que no se puede explicar.

Tras los años de intensa formación, dónde vas descubriendo y aprendiendo no sólo la vida de comunidad, la vida religiosa, el carisma agustiniano, dónde vas caminando de la mano del Señor, y experimentas su mano salvadora, esa mano tendida para levantarte, rescatarte, ese corazón amante, que te va enamorando cada día, que te llena y te plenifica. Ese descubrirle en la sencillez del día a día, en el rostro de cada hermana, en las tareas más simples… todo esto te hace cantar con el salmista, "dichosos los que viven en tu casa Señor, que deseables son tus moradas".

Después de la profesión solemne te incorporas más de lleno a la comunidad, las hermanas te confían tareas, responsabilidades, intentas darte al cien por cien, entregar lo mejor de ti misma, de tu juventud para servirle a Él en ellas. Ofrecer todo con amor e intentar vivir con la ayuda de Dios en fidelidad a lo profesado ante la Iglesia. Dando pasos día a día, pues la conversión para alcanzar la meta no tiene fin, siempre puedes superarte porque sólo cuando estemos ante El habremos llegado a la meta.

Sor Mª Teresa de Jesús Marzá