Agustinas Contemplativas

Postulantado

Es el primer año en comunidad, donde, de forma gradual, se va adentrando en nuestra forma de vida. Se convive con la comunidad, y se tiene un tiempo diario de estudio. Es acompañada en el mismo y en todo lo que toca a su iniciación en la vida común y religiosa por una maestra, que trata de comprobar y asegurar la base humana y cristiana conveniente para poder iniciarse en la vida religiosa.

El postulantado es un período de doce meses, de crecimiento humano y espiritual, en el que a través de la oración, la experiencia de la vida común, el estudio y el inicio del conocimiento del carisma, la postulante puede ir verificando su llamada a esta vida. Ahora estoy en el octavo mes de postulantado.

Familiares y amigos me preguntaban por qué había elegido la vida religiosa de clausura y no la vida religiosa activa, ya que soy maestra y me encantan los niños. Además mucha gente sigue opinando que sería más útil ayudando a la gente con mis propias manos fuera de estas paredes. Ante esto les digo que yo no elegí este tipo de vida, pues en toda llamada es Dios quien toma la iniciativa, quien llama; así como es ÉL quien nos ama primero, quien nos crea, quien nos busca y rescata cual perdida y herida ovejita. Así he visto como ha ido conduciendo con mano amorosa mi vida y cómo me indicaba frente a la encrucijada que se me presentó que no siguiera el camino que parecía tan agradable a los ojos sino el que ÉL me iba a mostrar.

Confiando en el Señor llegué a este monasterio y empecé a caminar por este camino. Ahora poco a poco voy viendo que encajo en el carisma principal que es la vida de interioridad (oración-contemplación) y la vida común en fraternidad. Aunque sigo viviendo a veces luchas y dudas, me siento feliz porque eligiendo y haciendo yo las cosas por mí (para mí, por egoísmo, por mis fuerzas…) me puedo equivocar, como tantas veces…pero esta vez sé que no soy yo la que ha elegido y lleva este proyecto, sino que es mi Padre, Dios, quien lo lleva, ¿cómo no va a salir bien?, ¿cómo no voy a ser feliz?, ¿cómo no voy a encajar en esta vida?, y ¿cómo no daré mucho más fruto si es el camino que pensó para mí cuando me creó con tanto cariño? Al fin y al cabo si nos paramos a recapacitar en cual es el verdadero sentido de nuestra vida, finalmente llegaremos a que todos queremos ser felices y ¿qué es lo que nos hace felices?, sin duda el amor, el amor de verdad, que es valiente, arriesgado, paciente, que sufre, aguanta, que se entrega, que se da sin reservas. Nuestro modelo de vida plena es por tanto Jesucristo, a ÉL es a quien busco, a ÉL quiero seguir e imitar, y con ÉL hacer la voluntad del Padre: Amarle y amar a mis hermanos. Esa es la raíz de nuestra vida: ¡Amar! Seamos por tanto dóciles a la voluntad de nuestro Padre que nos sostiene, nos guía y aconseja siempre para nuestro bien como el mejor de los padres con sus hijos. “Señor, que esté siempre donde TÚ quieras, con quien TÚ quieras, pero sobre todo que te ame y les ame”, esa es mi oración.

A ti hermanito/a te digo: ¡No tengas miedo!, arriésgate y acude allí donde el Señor te llama, pues ha pensado también para ti el momento y el lugar más apropiado para que te encuentres a ti mismo amándole y amando a tus hermanos, y así seas verdaderamente feliz.