Agustinas Contemplativas

Experiencia

Ante la joven que se plantea la posibilidad de formar parte de nuestra comunidad, siempre aconsejamos realizar unos días de experiencia, viviendo con nosotras, dentro de la clausura, nuestra misma vida, para que se formen un juicio más adecuado tanto ella como la comunidad.

Durante el mes de octubre, hice una experiencia en el monasterio. Llevo varios días intentando escribir esto pero no sé ni por dónde empezar, ni cuál es la mejor manera de describir lo que viví, creo que empezar por qué me llevó hasta ahí sería un buen comienzo.

Llevaba un tiempo en discernimiento, y conocí a las hermanas en un intErior en el mes de junio, que fue precioso. Una de las cosas que más me gustaron fue que pasaron de mi, pero no en un sentido malo! Por el contrario, en un sentido de nada de agobio en plan a monjas a la pesca si no, supernormales, además casi ni pude hablar con ellas, porque llegué tarde, y me fui antes, así que nada. Pero de mi nació escribirles, y me contestaron, y así fue que empezamos a escribirnos con frecuencia. Después de inspeccionar la página web a fondo, cual espía rusa, y ver todos los videos, fotos y cosas que encontré por Internet, fui en julio de retiro unos días con todas mis inquietudes y mis preguntas. Una cosa llevó a la otra y después de rezarlo y hablarlo con ellas, entendí que cuál era el siguiente paso, así que cuando empezó el curso, pedí un mes de dispensa de asistencia en la universidad para hacer la experiencia.

Me gustaría decir que desde el primer momento fue todo genial y bonito, con corazones y estrellitas de colores...pero no! Entre resfriada y con fiebre, así que al día siguiente no me dejaron ni madrugar, un rollo, además poco a poco, las fui contagiando a todas, que pena me dio! Pero bueno, eso pasó, me puse mejor, y todo fue genial. La verdad es que veía como todas me cuidaban y se preocupaban por mí, pero sin agobiarme para nada, experimenté un amor tremendo y una armonía en una vida en la que todo encaja perfectamente. Vi como Jesús era la felicidad, la alegría y la libertad, el centro de la casa. Los ojos de cada una reflejaban la plenificación en Él, la entrega, la vida, vi mujeres enamoradas de un Cristo que está vivo, que se puede ver y tocar, que en la renuncia a un montón de cosas, no le dijeron que no a nada, sino que dieron un si a Todo. Desde el principio del día, hasta el final, todo se hace por amor. Desde poner la mesa, hasta estar con los que llegan en el locutorio, el hecho de rezar por los que van, por los que no, por los que creen, por los que pasan de todo, por los que sufren y por los que están bien, por todo el mundo, de alguna manera me da tranquilidad, no sé cómo explicarlo, pero es pensar que da igual lo que pase, se que a las tres de la tarde(entre otros momentos), esté pasando lo que esté pasando, hay personas que están rezando, pienso en ellas en el coro y me da seguridad.

Sólo puedo dar gracias al Señor por haberlas llamado, y a ellas por haberle respondido.