Agustinas Contemplativas

Historia de una vocación

Sor Mª Teresa de Jesús

Antes de todo empezaré presentándome, me llamo Mª Teresa Marzá Gellida, nací en Benicarló el 12 de enero de 1967. Doy gracias a Dios porque me llevó a nacer y crecer en el seno de una familia cristiana.

Desde pequeña mis padres me dieron a conocer a Dios y me enseñaron a amarle. Estaba bien integrada en la parroquia desde mis cuatro añitos, en que cada domingo acudía a misa y después teníamos el “rebañito”. Después vino la primera comunión y seguí en catequesis hasta la confirmación, luego me integré en un grupo del Moviment de Joves Cristians de nuestra diócesis. Durante estos últimos años fui catequista de confirmación.

Llegaron los 18 años y marché a estudiar a Valencia, donde me licencié en biología. Fue cuando dejé el grupo de jóvenes cristianos al que pertenecía, tal vez fue la comodidad, pues del poco tiempo del fin de semana del que disponía para estar en casa, era demasiado darle dos horas al Señor los sábados por la tarde. Y como cuando la fe no se vive en comunidad se va debilitando, pues no llegue a dejar del todo al Señor, pero le dedicaba muy poco tiempo, menos oración, menos sacramentos... caí en picado hacía una vida volcada hacia fuera, donde lo importante para mí era salir, disfrutar, divertirme, y dentro de mí se iba creando un vacío, que era el que yo no dejaba llenar a Dios.

Gracias que Dios permanece siempre y tiene para todo su momento......

Cinco años más tarde a través de mi madre conocí un grupo de oración de la Renovación Carismática Católica (R.C.C.). Descubrí que vivía vacía por dentro y que realmente necesitaba a Dios, necesitaba redescubrir su amor por mí, necesitaba que curara heridas, que limpiara mis pecados. En un retiro en Castellón, el Señor me hizo experimentar cuanto me amaba a pesar de que yo le había dejado a un lado en mi vida, el curó mi corazón, dejé de sentirme culpable al sentir en mi vida como actuaba su misericordia. Sentí que era una persona nueva, y lo más precioso que ha pasado en mi vida empecé a sentir más sed de El cada vez.

Necesitaba recibirle cada día a través de la Eucaristía, necesitaba estarme con El en oración. Comencé de nuevo a dar catequesis, todo me parecía poco, me metí en el voluntariado de prisiones de Caritas, pero El me pedía más, y me di cuenta que me pedía todo, que me quería toda para El. Y en este momento comenzó la batalla, pues me costó verlo claro. En mi interior no acababa de entregarme, pensé que tal vez era mi imaginación (esto era una excusa), la verdad era miedo a darle todo. Pero al final tuve que rendirme, Él pudo más. "Me sedujiste Señor y me dejé seducir".

A partir de ahí, me inundo una gran paz y alegría, pero llegó un segundo problema.

¿Dónde me quieres? ¿Qué vocación has soñado para mí?. Y yo quería acertar, quería que se hiciese su voluntad y no la mía. Desde un principio mi duda estaba sólo entre la vida activa y la contemplativa.

La vida activa me era más conocida, y aunque en casa me decían que así podía sacar provecho a mis estudios, pensé que tenía que estar abierta a los planes de Dios en mi vida. ¿Por qué no conocer algo más sobre la vida contemplativa y una vez conocida elegir?

El Señor tiene sus caminos, y con mi madre y una servidora del grupo de oración fuimos una tarde a Sant Mateu, porque nos habían dicho que había allí unas monjas que ofrecían su iglesia para que se formase allí un grupo de oración. ¿Y qué ocurrió? pues que tan sólo salir de esa visita a las monjas tenía tal alegría dentro de mi corazón que esa noche no podía dormirme, y en la oración de los días siguientes intuí que aquel era el sitio donde el Señor me quería.

Empezamos allí el grupo de oración, al cabo de unos meses se disolvió pues la gente no perseveró, pero ¡Gloría al Señor!, tal vez fue un medio que el Señor usó para darme a conocer su voluntad.

En marzo de 1993 estuve cinco días con ellas, dentro de clausura, realizando una experiencia y realmente el Señor me confirmó que aquel era mi sitio, me sentí muy a gusto, como si toda mi vida hubiese estado allí. El 17 de octubre de 1993 ingresé en el monasterio como postulante. El 15 de octubre de 1994 comencé mi noviciado y me vistieron el hábito, y el 15 de octubre de 1995 hice mi primera profesión temporal, que renové durante tres años hasta el día 12 de octubre de 1998 en que me consagré a Dios mediante los votos solemnes de castidad pobreza y obediencia, para toda mi vida.