Agustinas Contemplativas

Historia de una vocación

Sor Mª Victorinah de San Agustín

¡Yo sé que Dios me ha llevado siempre con dulzura!

Queridos hermanos en Cristo, con mucha alegría quiero compartir con vosotros algo de la historia de mi vocación.

Soy de África (Kenia) y nací en una familia católica y practicante que alimentó mi fe con la oración, la doctrina que ella recibió de la Iglesia, con moral y ejemplos sanos. ¡Bendito sea Dios!

Yo sentí la llamada de seguir a Jesús en la vocación religiosa desde mi niñez y cuando respondí a esta llamada toda mi familia se alegró mucho conmigo. Bueno, esto fue la primera llamada y todo lo tenía mi Dios en sus manos.

Tuve la luz de venir a España y trabajé para poder venir. Cuando terminé mis estudios de Catering (estudios superiores de alimentación y servicio de la comida) increíblemente todo fue fácil y sin complicaciones para venir. Así, para mí, esto fue una señal de que era este el camino, la ruta que Dios quería para mí. que eres precioso a mis ojos, eres estimado y yo te amo” (Is 43,4)

Doy gracias a Dios dador de la vida y la vocación, le doy gracias por el don de la vida común, por mis hermanas. Diariamente en nuestra debilidad y diversidad, por la gracia de Dios, guiadas por el Espíritu Santo, en esta búsqueda de Dios procuramos vivir el “tener una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios” como nos manda nuestro padre san Agustín en la regla (1,3).

Sí, experimentamos la dulzura de la vida y lo que hace esta convivencia posible es el amor de Dios que es el núcleo. Según el consejo del apóstol san Pablo (1Co13, 4-13). En el amor está el secreto de vivir una vida feliz, una vida con sentido profundo. Es por eso que nuestro padre san Agustín dice: "¡Ama y haz lo que quieras!" Nuestra diferencia es una riqueza, un esfuerzo para la vida común. Y también sé que "¡Yo soy porque somos y porque somos yo soy!"

Lo tengo claro, la alegría, la paz y toda la bondad que experimento hoy no vienen de mi fuerza humana sino por la gracia y el amor infinito de mi Dios. “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (San Agustín. Conf. I, 1,1)

Bendito sea Dios que me ha llamado y nos ha llamado a formar parte de la Iglesia, el Cristo Total y de la Orden. Vamos a mantener la intimidad con la Santísima Trinidad para que el Señor nos encuentre con las lámparas encendidas. Así pues, con el salmista digo: “El Señor es mi fuerza y mi escudo, en él confía mi corazón. Me socorrió y mi corazón exulta y le canta agradecido” (Sal. 28,7)

Muchas gracias a mi madre, hermanos, parientes, profesores y formadores, por mis hermanas las monjas, por toda vuestra ayuda material y espiritual, toda palabra y ejemplo vuestro que me anima a seguir adelante en este camino de búsqueda del Señor, nuestro TESORO como religiosa contemplativa agustina, para que ¡En todo y por todo Dios sea alabado y glorificado!

"Sostenme, Señor, según tu promesa y viviré, no defraudes mi esperanza" (Sal. 118, 116) ¡¡Amén!!