Agustinas Contemplativas

Historia de una vocación

Mara Valero García

A la pregunta que me han hecho y me hacen sobre cómo he llegado hasta aquí, o por qué hice la experiencia en este monasterio de agustinas contemplativas en san Mateu, podría contestar que desde joven había sentido inquietudes en algunos momentos de mi vida e incluso he dicho muchas veces que si el Señor me llamaba a ser monja le diría que sí, aunque realmente nunca me planteé en serio ni hacer una experiencia en algún monasterio ni menos que finalmente estaría dando testimonio desde esta realidad, pues me atraía mucho más la vida del matrimonio cristiano. Con el paso del tiempo he ido descubriendo que es Dios quien llena mi vida, pues los momentos más auténticos y felices de todos los vividos han sido aquellos en los que he experimentado cuánto me quiere. Sin embargo, seguía haciendo mis planes sin terminar de darle las riendas de mi vida. Este verano, al conocer que mi nueva plaza definitiva como maestra estaría ya muy cerca de Valencia (en Cheste) pensé en que había llegado el momento oportuno para comprarme un piso en Valencia. En medio de mis días de búsqueda y visitas de pisos leí una Palabra del Evangelio que me llegó al corazón y me movió a dejarlo todo e ir a encontrarme con Dios. Llamé a las hermanas del monasterio de Santa Ana para preguntarles si podía ir unos días allí de retiro y así empezó todo. Primero pasé una semana de retiro en la hospedería del monasterio; al seguir con dudas y resurgir en mi interior la inquietud vocacional las hermanas me propusieron hacer una experiencia dentro del monasterio.

El tiempo de la experiencia duró un mes (el mes de agosto que aún estaba de vacaciones). Fue corto pero muy intenso, experimenté una gran lucha en mi interior pues se enfrentaban cara a cara la tendencia de la carne, con todas sus apetencias, proyectos y apegos de todo tipo, contra la tendencia del espíritu, que me susurraba que confiara en Dios y me dejara en sus manos. Qué duro el combate!, qué difícil es desprenderse del ego que intenta dominarnos, “haz lo que te apetezca, lo que tú quieras, pues eres libre!” te grita con soberbia intentando engañarte, pero haciendo lo que me apetece en cada momento no soy libre sino esclava de mis instintos y por supuesto seguirlos no me hace feliz sino que me lleva a una profunda frustración, pues nada, por mucho que busque, que compre, que haga, nada puede satisfacer mi sed de eternidad. “Sólo Dios basta”. ¡Qué gran Verdad!, sólo ÉL puede saciarnos completamente y desbordarnos de felicidad. Siento que ahora voy abriendo los ojos, me voy dando cuenta de que lo que realmente quiero, (lo que todos queremos), es ser amada, sentirme querida y corresponder con mi amor, es un deseo que late fuerte en nuestro interior; me di cuenta de que cometía un gran error al querer dar respuesta a esta necesidad inherente al ser con cosas materiales, con mil y una actividades, proyectos, incluso con afectos. El amor humano tampoco es suficiente por sí sólo, Sólo Dios puede verdaderamente completarnos, apaciguar nuestro ser y darle sentido pleno a nuestra existencia. Cuántas cosas podemos tener en la vida y qué vacíos podemos sentirnos, pues ¿qué es la vida sin la Vida, sin el amor de Dios?, con Él todo cobra sentido, alegría, cuando experimento el Amor que Dios me tiene experimento lo que soy en verdad (Hija querida de Dios) y puedo ver también a los demás como mis hermanos, y puedo amarlos sinceramente y sentir una gran felicidad.

Con esta bonita experiencia del Amor de Dios fui comprendiendo que no necesitaría seguir buscando más, pues iba buscándole a Él, su Amor y su voluntad y lo había encontrado en este monasterio, en la oración, en el día a día, en la convivencia con las hermanas que tanto cariño y paz me transmitían. En ese mes puede vivir y conocer más lo que es la vida consagrada a Dios y a los hermanos. La sencillez de esta vida me impresionaba al principio, pero tras el silencio, la soledad, la oración, los sacramentos, las hermanas…sin duda está el Tesoro que buscaba, el Amor de Dios. Sólo me quedaba confiar y arriesgarme a lo que presentía que el Señor me pedía; si su voluntad era que dejara mi vida anterior para que comenzara una vida nueva aquí con ÉL y con las hermanas lo haría, pues bien sé que nadie me ama como Dios y que todo lo conduce para mi bien y mi felicidad plena. Así pues, al terminar la experiencia tenía muy claro que quería seguir la voluntad de Dios fuera lo que fuera, pero mi egoísmo ponía freno a ese seguimiento tan incondicional y mi mente se aferraba a recuerdos y planes de futuro intentando convencerme de que otros caminos posibles también me harían feliz. Con las dudas empezó el mes de septiembre y mi vuelta a la vida anterior (trabajo, actividades, proyectos…) y de nuevo en medio de esa vida vi más claro que ese no era mi camino, las palabras: “Sígueme!” (Mc 10, 1722), “donde esté tu tesoro allí estará tu corazón” (Mt. 6, 19-23), “Yo Soy tu tesoro” resonaban en mi interior y me daban las fuerzas que necesitaba para tomar la decisión firme de dar el paso, dejarlo todo nuevamente y volver al monasterio de San Mateu donde me esperaban felices El Señor y las hermanas.