Agustinas Contemplativas

Carisma

Tener el mismo carisma es tener el mismo ideal de santidad revelado por el Espíritu de Dios a san Agustín, que llegó a nosotras por la fidelidad-santidad de nuestros antepasados y al que debemos sumarnos aportando nuestro modo propio de vivir hoy el mismo ideal adaptado a las exigencias de nuestra realidad concreta, bajo la moción del mismo Espíritu que suscitó el carisma y lo ha ido manteniendo.

El carisma agustino lo podemos sintetizar con la palabra COMUNIÓN: La Comunión de Dios, de la Trinidad, es la fuente de dónde mana nuestra vida hacia Dios (Padre) y en Dios (en Cristo) con todos los hijos de Dios unidos por la gracia (del Espíritu Santo). Esto es lo que tratamos de vivir a través de múltiples aspectos, de los que destacamos:

La interioridad: Con el silencio, la paz, el apartamiento, la oración prolongada, la formación y la ascesis, el Espíritu Santo va modelando nuestro espíritu para ver a los hombres, las cosas y los acontecimientos con los ojos de Dios. Al hombre le hace feliz el bien que brota de la verdad y en Cristo la descubrimos y vivimos día a día.

“No salgas fuera de ti; retorna a ti mismo: la verdad habita en el hombre interior” (San Agustín)

La vida común: El Padre que nos da la vida y en Cristo nos hace hijos, nos da su amor, su Espíritu, que nos lleva a vivir lo que somos: hermanas. Llevando las unas las cargas de las otras en nuestra continua convivencia experimentamos y expresamos cómo la Comunidad es lugar privilegiado para el encuentro con Dios y el crecimiento personal, tanto humano como espiritual.

“Ya que con este fin os habéis congregado en comunidad, vivid en la casa unánimes y tened un alma sola y un solo corazón en marcha hacia Dios” (San Agustín)

La itinerancia espiritual: Siguiendo a san Agustín que, con tanta insistencia, hablaba de nuestro vivir como un camino, donde no hay que parar nunca, avanzar siempre, caminar siempre…, tratamos de andar con las dos “piernas” que nos permiten avanzar sin desánimos: La humildad (la experiencia de nuestro pecado nos libera de la soberbia y nos hace caminar conscientes de nuestra realidad humana) y la gratitud (por la experiencia cotidiana del Don de Dios que no nos permite desánimos ni metas cortas).

“Si dices basta, ya estás perdido. No te pares, avanza siempre, no vuelvas hacia atrás, no te desvíes. El que no adelanta, retrocede” (San Agustín)

El servicio a la Iglesia: Porque somos miembros los unos de los otros y con Cristo cabeza formamos el Cristo-Total, tratamos de vivir conscientes del servicio sagrado de glorificación de Dios, de intercesión en favor de los hombres y del valor testimonial de la vida contemplativa dentro de la corriente viva que de la Iglesia va manando para la salvación de todo el que se acerca a beber de ella.

“Mientras la Iglesia se goza en aquellas almas que dulce y humildemente viven en paz, suplica, llama a Aquel que nos ha dicho “Lo que os digo en la oscuridad gritadlo a la luz del día; lo que os susurro al oído, voceadlo a los cuatro vientos” (San Agustín)